jueves, 29 de mayo de 2008

De loser total: más oportunidades.com

Siguiendo con este sesudo análisis de anuncios al aire, le llegó el turno a "Novios abandonados" de masoportunidades.com



Cómo te vas a poner a vender los regalos? Deshacerse de ellos, me parece perfecto. Pero hacerlos cash, es vil. Te comprás un chocolatín con el producido de la enajenación a título oneroso, te lo comés, y eso no te hace el mismo daño que el ítem desaparecido?

El tema de la RMDPRS (resolución material de los detritos provenientes de las relaciones sentimentales) es uno de los grandes acápites nunca abordados por la literatura especializada.

Primero, los recibiste cegado por el fulgor de ese enamoramiento que te hacía olvidar de vos mismo*. Después, te ocupaste de darle un lugar a aquello que nunca combinó con tu deco o con tu look. Nunca te terminó de cerrar, pero igual le hiciste un lugar en tu vida. Al final, estás con esa sensación encontrada de esconderlo o tirarlo porque nunca se sabe si el/la pérfido/a volverá o te visitará, y te obligará a explicar dónde fue a parar. Y por último, tu nuevo/a novio/a la primera vez que lo vea, te preguntará de dónde lo sacaste y te pondrá en un aprieto.

Opciones aceptables:

a) Tirar todo al diablo el mismo día que te peleás. Tenés presente la porquería de tipo/a que es, de modo que lo hacés sin remordimiento.

b) A la baulera. Para gente no comprometida con sus decisiones. Tirarás todo al diablo 10 años después, pero al menos lo sacaste de adelante de tu vista.

Opciones no aceptables:

a) Concertar encuentro con tu ex para devolver efectos personales. Cometerás el error de darle otra oportunidad, terminarás encamado/a y extenderás tu agonía por otro par de meses

b) Vender efectos personales. El amor se paga con amor. Si la plata te resarce, hablalo con tu analista

Opciones deleznables:

a) Conservar regalos para entregarlos como regalos cuando se necesiten. Feo

b) Armar un museo de los amores frustrados, organizando los ítems por tipo o por procedencia. Triste

Obviamente, no hice una investigación al respecto. Es una síntesis de mi sesgada visión producto de la propia experiencia. A propósito, tengo una linterna Eveready (2 pilas grandes) en blister, regalo de navidad de mi última novia. Alguien la quiere?

(*) gran frase de Lou Reed en Perfect Day.

2 comentarios:

Mariano A. dijo...

Yo sí la quiero. A mí me encanta que me regalen cualquier cosa que le moleste a su dueño, por el motivo que sea. Total, llegado el caso, me ocupo yo mismo de tirarlo a la basura si es que alguno de los ratones peores que yo que frecuento no lo desea.
En fin, bienvenida la linterna.
P.D.: le diré a todo el mundo que me la trajo algún amigo de Korea.

laura dijo...

Ufff, veo que llegué tarde pa' la linterna. Lástima, tal vez la hubiera usado para iluminar mis zonas oscuras.
Sobre mi experiencia, muy poco para aportar ya que mi prontuario es muy escaso (aunque cada uno se extendió por larga data).

De los añísimos de un amor a la distancia con el señor S. aún guardo escondida en la casa de mis viejos una caja con todas sus cartas (en la época de las cartas por correo postal!), sólo aptas para su lectura en un día domingo de lluvia y de frío (igual no creo que nadie se interese en la vida de Penélope en esta época tan poco romántica). Entre otro de sus regalos destacados recibí una remera que compró en una tienda coreana (que se estiró ya en la primer lavada) y que hizo pasar por costosa envolviéndola en una bolsa que robó en una casa de marca. Con el tiempo a la remera la regalé a alguien que la necesitara, pero no logré desprenderme de su envoltorio, el que había robado para mí.

Del Sr. E. no recibí ningún obsequio. Al menos material, pues pensándolo bien me regaló algo que no tiene precio y que al mismo tiempo vale al precio que sea: autoconocimiento. Aunque tal vez esta historia no sea tan cierta y en parte haya sido inventada, no lo sé y tal vez nunca lo sepa.

Al Sr. M. lo conocí emponchado en una campera bordó de un look que no vá con su look. Con el tiempo confesó que era lo único que le había quedado de su ex, a la que había querido tanto … así que me calcé esa campera, que sigo hoy usando. Y la camisa que me regaló (su primer regalo) se la dí a una amiga que le queda mejor que a mí. Regalos cruzados. Desde entonces, y salvo que la anécdota estuviera en cómo conseguirlo, acordamos no hacernos más regalos.