Esa noche llamaría al padre, desde el lugar que encontráramos para alojarnos.
Aquel email del año anterior donde le decía a "L" que decidiera de acuerdo a su conveniencia sin sentirse condicionada por los que tenía alrededor, me había retratado a un tipo no sólo tremendamente individualista, sino también absolutamente inconsciente de ello.
Estaba aconsejando lo mismo que había hecho 25 años antes, a su principal víctima. Habiendo abandonado a la madre de "L" con el embarazo a cuestas y viviendo desde siempre en Nueva Jersey, el padre biológico era una figura lejana; pero no obstante estaba incluida en el retrato mental que ella componía de su familia, compuesta también desde siempre por su padrastro-padre-real.
A las puertas de Miami -el lugar prestablecido para el encuentro-, "L" digitó el número en un público próximo a la recepción del típico motel de camioneros de las pelis. Código de área local. Prefijo. Número. Mano acomodando el mechón de pelo atrás de la oreja. Llamada en curso. Voz desde el otro lado. Voz contenida en este lado. Cara oculta contra la carcaza del teléfono de pared. Voz lejana disculpándose, no con tono de lamento sino del que duda de la credibilidad de su excusa.
Menos de 1 minuto fue suficiente para que "L" hablara, colgara, y se pusiera por los hombros toda la desolación que nunca mostraba y comenzara a caminar hacia la habitación, al otro lado del estacionamiento. Fijé la vista en el botón de redial. Pensé en llamarlo y decirle lo que "L" jamás había dejado entrever hasta entonces: La importancia que le daba a ese encuentro. Le pediría que recapacitara y la llamara. Y entonces, las sensaciones encontradas........ Mi incapacidad para dejar de lado el daño sufrido. Entonces me fugué hacia la idea de "L" caminando sola entre camioneros gordos y malos, y me apuré a alcanzarla.
50 pasos le llevó reacomodarse la coraza. Se tiró sobre la cama sin desvestirse. No hubo lágrimas, ni comentarios, ni búsqueda de apoyo, ni nada. La frialdad característica en ella.
La víctima de aquel email, era yo. "L" no necesitaba su consejo, porque iba a actuar en concordancia con el principio paterno de todas maneras: era suyo también. Y no se habría equivocado. Pero dudó en el último minuto, y quienes dependían de su decisión no lo hicieron. Providencialmente, había escapado del final de nuestra pareja para luchar todas las batallas posibles, hasta ponerla bajo mi pulgar como ella me había tenido, y clavarle la daga en el medio del pecho. Para que aprendiera que su mortificación no le daba derecho a provocársela a los demás, como seguramente concluiría respecto de la mía.
Es difícil lidiar con tu propia ferocidad, si sos capaz de verla. No me refiero siquiera al bien y al mal en tus actos, sino a ellos mismos, a los actos. Y no hablo sólo de las puñaladas grotescas, sino de la ferocidad en los actos sutiles: en la omisión, en el silencio, en la violencia infinita que puede haber en un pestañeo.
Sentado en la cama, vestido y mirando de reojo al anuncio de pollo frito de KFC pensé en la inutilidad de estar a la defensiva indiscriminadamente. Es un problema de mala asignación del esfuerzo. Si estás a la defensiva con todos, asignás un esfuerzo similar a quien se acerca amistosamente que a quien intentará apuñalarte. Y peor aún, cuando el peligro es real, siempre está esa pulsión a descreer de tu propia paranoia justo en el momento que ella te salvaría.
Mientras un afroamericano ofrecía tickets aéreos con descuento pasé la hoja y pensé en que nos desconocíamos mutuamente. Aunque estaban los hechos. Sonreir por una caricia, pelearnos por muchas cosas, hacer el esfuerzo por hacer funcionar la relación.
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Nuestra relación duró 6 meses más. 6 meses más tarde, llamé para hacer uso de un servicio de turismo que habíamos contratado. Me aclararon que ella era la titular, y debía autorizarme a usarlo. Le expliqué a la operadora que era una ex novia y que no manteníamos contacto, por lo cual le pedí que ella la llamara. Su respuesta fue: "no te preocupes, si te portaste bien, te autorizará, jeje". Al día siguiente volví a llamar y me confirmó que "L" no había puesto ninguna objeción. Después vino el viaje de los sueños.
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Nota: creo que el post no retrata nuestra relación cabalmente, aunque sí los hechos detallados. Me parece que corresponde agregar que "L" fue la única mujer con la que sopesé la idea de casarme (No digas lo que habrán sido las demás!), la única capaz de oscurecer con el contorno de un registro civil el soleado horizonte de la libertad y adolescencia eternas que sospecho busco y me buscan:)
lunes, 18 de agosto de 2008
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2 comentarios:
Mucho no entendí tu historia con "L" en cuanto al relato de los hechos, aunque sí me llegaron las sensaciones. Supongo que a las historias las comprenden quienes las viven ... o a veces son tan confusas que ni siquiera. Me quedo con la parte que más me gustó: ojalá esta luchadora que es "L" haya salido victoriosa en todas sus batallas ... internas. Ojalá haya podido dejar su drama atrás. Es esperar mucho? y sí, me gustan los finales felices.
jejejej quizás exista un blog donde una tal Lorena haya contado sobre un tal "R" quien jamás supo exactamente por qué pasó lo que pasó y bla bla bla. Pero coincidimos, espero que esté contenta con su vida.
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