miércoles, 22 de octubre de 2008

Al mediodía tuve una reunión en el piso 22 del Alem Plaza. Dejé el auto frente a los juzgados en Retiro, porque me niego a pagar $9 por hora de estacionamiento abajo del obelisco.

Años atrás tomé clases de inglés con una señora mayor holandesa. Tenía 2 hijos. Su preferido era el piloto de aviones comerciales. Del otro no hacía mención de nada que le provocara orgullo. Un día, me mostró una foto. Una pareja retratada sin advertirlo, mientras caminaba por la vereda de una típica terraced house londinense, en sendos típicos pilotos ingleses, sin paraguas, protegiéndose mutuamente de la garúa. Su comentario fue: "mi otro hijo (el preferido), que tenía todo, se divorció. Y éste, que se casó sin nada, es feliz. Acá está a la salida del civil". Ella no podía entender la no covarianza no negativa entre la felicidad y el bienestar material, y yo conservé para siempre a ese par que intentaba caminar su camino enfrentando la adversidad del clima. Una imagen. Una señal.

Mientras caminaba por Retiro, el olor de un chori de camioneros y tacheros me instaló el tema del almuerzo, con mi natural propensión a considerar como muy buena opción a ese tipo de lugares carente de la más mínima higiene. Tienen una atracción que hasta hoy no había podido develar.

Seguí caminando y al dar la vuelta por el Sheraton me reencontré después de muchísimos años con el mundo corporativo de cabotaje. Jóvenes profesionales, secretarias vestidas para conseguir buenos partidos, ejecutivos bajándose de taxis. Ese mundo que me recibió con puertas entreabiertas, al que pertenecí y como en tantas cosas, decidí abandonar porque no podría impedir que finalmente me dejara afuera.

Entré al Alem Plaza y recordé la recepción en una visita anterior, casi una vida anterior. La recepcionista de P.B. me descartó inmediatamente por mi vestimenta deportiva. La recepcionista de la oficina fue más astuta, lo advirtió inmediatamente pero supo que alguien vestido así, en ese lugar, se trae algo. Por algo ella está en el piso 22, y su colega todavía en las preliminares de la P.B.

Salí de la reunión, que fue por demás satisfactoria. y caminé por Alem hacia Retiro. Era un día como los que me a mí me gustan: soleado, fresco y con brisa. Para disfrutar del sol que te traspasa los párpados pero con la brisa para que no te olvides de hay noche. Una analogía de mi filosófica devoción por el lemon pie, que es amargo desde lo dulce y viceversa.

Volví a mirar a la gente. Los motoqueros, los oficinistas. Ese era un mundo que había dejado atrás y del que que me alegró ya no pertenecer. Porque llegué adonde quería hacerlo y por un camino más cómodo para mí.

Volví a pasar por el chori, y ví esos perfiles inclinados sobre los mostradores, que irradian satisfacción por poder descansar y saciar el hambre. Hambre, tan elemental como eso. Sin la construcción cultural-marketinera encima. Sin manteles, carta, mètre, reserva, fumador-no fumador. El chori tiene la verdad subyacente de prescindir de todo lo superfluo (salvo la higiene..) y ofrecer descanso a huesos cansados y comida a las tripas ruidosas. Y la filosofía secreta de la banqueta enclenque que te da cierta comodidad pero te recuerda que el piso está más abajo.

Fantasmas. Choris. Corporativos. Fantasmas. Exorcismo. Sol.

5 comentarios:

marisa dijo...

Viste que vivimos a veces tan llenos deprejuicios de preconceptos y la vida se va a encargando de tirar una a una cada una de nuestras certezas, creecias, conceptos...en un punto es como sacarse una mochila pesada, aligerar, como un suspiro de alivio. Todavía no he exorcizado todos mis fantasmas pero creo que puedo apreciar el sol en cualquier circunstancia.

Raúl dijo...

Ahap. La voluntad de controlar la incertidumbre te termina encerrando en tu propia visión sesgada, en tu túnel.

marisa dijo...

Ahí va una frase que leí en la Revista Selecciones hace unos años a propósito de túneles...¿Qué es lo que vé un pesimista? Un pesimista ve únicamente un túnel ¿Y qué es lo qué ve el optimista? El optimista vé la luz qué está al final del túnel ¿Y qué ve, por último, el hombre práctico? El hombre práctico ve el túnel la luz y el próximo túnel.

Raúl dijo...

Y la luz que excede los confines del túnel? La que perderemos de vista irremediablemente? Esa me parece que es el foco de atención de los histéricos ejeje!

marisa dijo...

Mira esta buenisimo filosofar sobre luces tuneles e histericas/os lo cierto es que cuando tenes un problema no podes ver mas que el tunel,la luz sería la solución y el tunel elproximo problema. Punto final para viernes ya tuve suficiente por hoy.