Los no socios tienen una sola oportunidad en el año para ingresar y conocer el club, el cual se destaca por sus campos de golf y polo, sus canchas de tenis de césped y un house bien inglés. En octubre, se celebra el torneo de polo (el más antiguo del mundo según ellos dicen) y por una entrada muy accesible (digamos $15) podés ver el partido y recorrer las instalaciones.
Durante años y años, mi vieja me insistió en ir a conocer el club cuando octubre se acercaba. Finalmente, en 1994 le dí el gusto para que no volviera a decírmelo en 1995. Para mí, el polo era algo aburrido, snob, inentendible, mandaparte, careta, decadente, clasista, bla, bla, bla. Ese día, el azar me llevó a presenciar el enfrentamiento de Indios Chapaleufú I ("Chapa I" decían los entendidos) vs. Indios Chapaleufú II (adivinaste, "Chapa II"). Cada equipo está compuesto por 4 jugadores, los cuales tienen una valoración atribuida por la asociación que regentea el deporte. Aquel día, Chapa I y II sumaban 40 tantos de handicap. Lo máximo. Algo que sólo se puede ver en Argentina (excepto que el Sultán de Brunei contrate 4 handicap 10), y que duró muy poco tiempo, porque varios jugadores perdieron el 10 y muy pocos lo consiguieron desde entonces.
Todo esto viene a cuenta de lo siguiente: no podés pasar por esta vida sin ir una vez a ver un partido de polo. No digo dos; una. Una vez, hay que ir.
Es sorprendente la plasticidad de los caballos y los jugadores. Una cosa es ver correr un caballo en línea recta, y otra verlo acelerar, frenarse, dar una vuelta y salir para el otro lado sin solución de continuidad. Hay una plasticidad en los movimientos, una gracia en medio del vértigo, una armonía para sortear obstáculos en muy poco espacio que compagina todo el tiempo sutilezas con un bicho que pesa cientos de kilos, que está respondiendo a una orden y sortea la física para ejecutarla.
Otra cosa llamativa es que a diferencia de los deportes individuales y los colectivos de múltiples jugadores, donde uno como espectador solo puede intuir lo que le está pasando por la cabeza al deportista, en el polo se habla (grita) entre los jugadores permanentemente. Sos testigo, más que expectador. Y en los momentos clave, escuchás a los jugadores que aparecen: los que pueden poner orden el medio del desconcierto, los que tienen la determinación para ganarlo cuando el partido no está para nadie.
Es algo que ocurre a 6 km del Dorrego. Que es económico. Que en ningún lugar del mundo se puede disfrutar como acá, porque en un partido pueden juntar casi más handicaps 10 que los existentes en el resto del mundo. Pero por sobre todo, un deporte que transmite una emoción estética que le es propia, porque hay algo en juego y a la vez derrocha belleza.
Todos los findes de octubre se juega, sábado y domingo.
P.D: Obviamente, en octubre de 1995 el comentario fue "si te gustó el año pasado, vas a ir este año también, no?"
2 comentarios:
¡Que lindo! sería un buen progrma para 5 1a.
Definitivamente, mis prejuicios vencen ante algunas opciones...
Vivo en la parte grasha de Shan Ishidro,jajaja y se que hay lugares que prefiero conocer de jubilada inimputable...
Publicar un comentario