Un día estaba en la casa de "V" y por una situación en particular le dije que era una egoísta. La madre nos llamó a cenar y en pleno acto "V" dice: "Raúl dijo que soy una egoísta". Fue una situación embarazosa estar sentado a la mesa en tales circunstancias. Su padre -a quien ahora mencionaré como "el Señor importante"- me miró (eso sólo era suficiente para arrepentirme del comentario) y dijo: "si alguien se queja de un egoísta, entonces hay dos".
El Señor importante me tenía alquilado en el arte de mostrarme que era un millón de veces más piola que yo. Pero un caramelo con semejante packaging requería vaselina extra pura para bajarlo.
Cuando pude digerirla, me dí cuenta que la frase no sólo es cierta, sino que también es aplicable a muchos otros aspectos de la naturaleza humana: la vanidad, la inmisericordia, la falta de generosidad.
Es que señalar, de por sí, no nos acerca a la virtud que reclamamos en falta, sino a la falencia que denunciamos.
jueves, 12 de febrero de 2009
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8 comentarios:
Es muy dificil... llegaríamos al punto en que uno no podría decir prácticamente nada de nadie sin reconocer al mismo tiempo que se está hablando de uno mismo...llegue a la conclusión que es bastante infantil reclamar algo, lo que no sale del corazón hoy tal vez no salga nunca o lo que es mucho peor a destiempo. Pero a veces está bien decir lo que uno sienta que tiene que decir a ese OTRO aunque más no sea hablar de uno mismo para darle al otro la posibilidad de retrucar, de decir algo, de implicarse. La indiferencia es mortal aunque implicarse siempre y decir todo lo que uno siente también lo es y practicamente al pedo. Los movimientos que cuentan son invariablemente silenciosos así que para que molestarse en hablar cuando ya todo se jugó en una partida en la que nisiquiera fuimos invitados?
Aclaro que hay 2 palabritas clave en el post. Una es "quejarse" y la otra "señalar". En ese contexto tiene sentido lo que dije y lo que voy a decir. Quejarse no es lo mismo que decir, ni que hacer notar, ni que plantear.
Por un lado, tenemos un otro que (demos por cierto) tiene alguna característica innoble, por así decirlo. Por otro, estamos implicados mutuamente por un vínculo que evaluamos / sentimos se desarrolla en nuestro perjuicio a causa de dicha característica innoble. Cuando señalamos ese algo de él, estamos hablando desde nosotros mismos, desde el modo que vivenciamos la naturaleza del otro.
En un punto sutil -muy sutil-nuestra autorreferencialidad es equiparable a la del otro. Él niega nuestra condición de pares con su característica innoble, y nosotros le estamos negando su derecho a una cuota de falibilidad humana: tiene que ser correcto, tiene que actuar bien NO por él, sino por las consecuencias de su actuar que recaen sobre nosotros. Y en ese punto, nos igualamos a él. Respondemos a su cerrazón con la nuestra.
El meollo de la cuestión es que no deberíamos señalar (en el sentido de poner en evidencia para que idealmente el otro cambie y nos deje de afectar) sino actuar con la generosidad suficiente para que el otro vea lo que está perdiendo por actuar de esa manera. Y acá sí pienso al otro desde su "mismidad", porque la virtud es justamente ponerse en el lugar del otro. Y si no es así, al menos aceptar al otro como es, sin jugar el juego de tomo lo que me gusta y reniego de lo que no me gusta.
Predicando con el ejemplo, poniendo la otra mejilla, hablando o por otro medio, hay que sacar al otro de su pobreza, porque al enriquecer su mundo seguramente también lo hará el mío en esa zona en que ambos se cruzan, PERO TAMBIEN en la que no se cruzan, por haber saciado mi necesidad de actuar con generosidad hacia el otro.
La partida innecesaria es aquella en que todos vamos a mantenernos en nuestro lugar. O lo entendés y aceptás, o lo ayudás a darse cuenta (y lo lográs) o seguí de largo:)
Pero bueno, insisto en lo del primer párrafo. Bacci.
Update: estuve todo el fin de semana pidiendo opiniones sobre esto. A todos les gustó mucho la frase del egoísmo, pero a casi nadie le gusta mi generalización, principalmente por tu argumento inicial. Lo interesante es que en las historias que la gente evoca para corroborarla o refutarla, se nota que todos ponen en juego el hecho que se hayan sentido víctimas o perciban que los demás los acusen a ellos.
Y...a nadie le gusta ser el malo de la película, nos encanta creer que somos los "buenos", pero a mi me gusta lafrase final de la película kill Bill cuando el le dice algo así como..."Sos una persona magnífica pero a veces podés ser una hiena".
Se necesitan 2, no 3. Aún así, si me permiten agregar algo que llego a comprender, pero que en el fondo me es muy difícil dejar atrás ... creo que es tan peligroso estar arraigado en la necesidad de actuar con generosidad, como hacer de la pobreza de espíritu tu bandera. Los extremos, los opuestos. Estos días estuve pensando en sus comentarios y especialmente en el de Raúl en referencia a las historias verdaderas, eso que todos destacan el hecho de haberse sentido víctimas.
La generosidad merece un tratado.
"I refuse to be a victim" repetía la mujer de kevin spacey en Belleza Americana. Y terminó abrazada a los trapos del marido en el placard.
Uy, eso me sonó como un golpe bajo,de todos modos así como hay un elogio de la culpa, quisiera hacer un elogio de la debilidad, a lo mejor, y solo así, logremos salir de ella definitivamente!
No, para nada un golpe bajo. La gente que rechazaba la generalización era aquella que se sentía víctima de las situaciones que refería. Es muy difícil encontrar alguien que sea 100% víctima, porque es muy difícil perder el 100% de la libertad necesaria para elegir mantener o terminar una relación "victimizadora". En general, la gente siempre tiene un atenuante que la obliga a mantenerse en las relaciones en las que la victimizan, y se quejan, y señalan, y tienen la razón, y bla bla bla. La mujer de KevinS llega al nivel superior, porque para ella o era a su manera o era víctima de un orden injusto. Y cuando se le anticipan y le ejecutan al victimario lo lamenta. No vale la pena preguntar por quién lo lamentó.
El elogio de debilidad: Baudrillard decía que lo que seduce no es la fortaleza, sino la forma en que el débil se sobrepone a su debilidad. El Che asmático en la selva es más meritorio que un patovica en la selva. Creo que al elogiar la debilidad, la reforzás. Tampoco significa que haya que darle la espalda al débil, sino elogiarle el logro en función de su situación particular.
Pero bueno Marisa, igual vos nunca te lo tomes personal. Es que como dijiste al principio del blog, en un comentario se entrecruzan tantos temas que es difícil intentar una respuesta que o no sea incompleta o que esté lo suficientemente acotada como para no roce otros temas o que no pueda lugar a múltiples interpretaciones.
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