miércoles, 2 de enero de 2008

Pecador, tu castigo es....

Sabía de los 7 pecados capitales, pero nunca supe la forma en que el pecador es castigado. Aquí van:

Avaricia: Colocado en aceite hirviendo.
Envidia: Sumergido en agua helada.
Gula: Forzado a comer ratas, sapos, lagartijas y serpientes vivas.
Ira: Desmembramiento.
Lujuria: Asfixiado en fuego y azufre.
Soberbia: La rueda
Pereza: Arrojado a una fosa con serpientes.

Bueno, los míos no suenan tan mal...los tuyos?:)

16 comentarios:

marisa dijo...

Raúl: ¿Entramos a la sección crimen y castigo o es morbo producto del calor?

Raúl dijo...

Jajajajaj creo que por ambas razones, la verdad que no me acuerdo por qué posteé eso, da lugar a todas las interpretaciones.

marisa dijo...

Avaricia: generosidad
Envidia: conformidad, indiferencia, receptividad
Gula: temperancia, moderación, templanza
Ira ¿Es lo mismo qué furia?: calma
Lujuria: castidad, recato, honestidad
Soberbia: apaciguamiento, humildad
Pereza: laboriosidad, diligencia, ¿prudencia?

¿Y porqué pensas que a cada uno de estos pecados capitales les corresponde ese tipo de castigo en particular, es decir si hay una lógica detrás de cada pena o están elegidas al azar?

marisa dijo...

1. EL CUERPO DE LOS CONDENADOS

Damiens fue condenado, el 2 de marzo de 1757, a "pública retractación ante la puerta principal de la Iglesia de París", adonde debía ser "llevado y conducido en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la mano"; después, "en dicha carreta, a la plaza de Gréve, y sobre un cadalso que allí habrá sido levantado [deberán serle] atenaceadas las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha, asido en ésta el cuchillo con que cometió dicho parricidio,* quemada con fuego de azufre, y sobre las partes atenaceadas se le verterá plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardiente, cera y azufre fundidos juntamente, y a continuación, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco consumidos en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arrojadas al viento".1

"Finalmente, se le descuartizó, refiere la Gazette d'Amsterdam.2 Esta última operación fue muy larga, porque los caballos que se utilizaban no estaban acostumbrados a tirar; de suerte que en lugar de cuatro, hubo que poner seis, y no bastando aún esto, fue forzoso para desmembrar los muslos del desdichado, cortarle los nervios y romperle a hachazos las coyunturas...

"Aseguran que aunque siempre fue un gran maldiciente, no dejó escapar blasfemia alguna; tan sólo los extremados dolores le hacían proferir horribles gritos y a menudo repetía: 'Dios mío, tened piedad de mi; Jesús, socorredme.' Todos los espectadores quedaron edificados de la solicitud del párroco de Saint-Paul, que a pesar de su avanzada edad, no dejaba pasar momento alguno sin consolar al paciente."

Y el exento ** Bouton: "Se encendió el azufre, pero el fuego era tan pobre que sólo la piel de la parte superior de la mano quedó no más que un poco dañada. A continuación, un ayudante, arremangado por encima de los codos, tomó unas tenazas de acero hechas para el caso, largas de un pie y medio aproximadamente, y le atenaceó primero la pantorrilla de la pierna derecha, después el muslo, de ahí pasó a las dos mollas del brazo derecho, y a continuación a las tetillas. A este oficial, aunque fuerte y robusto, le costó mucho trabajo arrancar los trozos de carne que tomaba con las tenazas dos y tres veces del mismo lado, retorciendo, y lo que sacaba en cada porción dejaba una llaga del tamaño de un escudo de seis libras.***

"Después de estos atenaceamientos, Damiens, que gritaba mucho aunque sin maldecir, levantaba la cabeza y se miraba. El mismo atenaceador tomó con una cuchara de hierro del caldero mezcla hirviendo, la cual vertió en abundancia sobre cada llaga. A continuación, ataron con soguillas las cuerdas destinadas al tiro de los caballos, y después se amarraron aquéllas a cada miembro a lo largo de los muslos, piernas y brazos.

"El señor Le Breton, escribano, se acercó repetidas veces al reo para preguntarle si no tenía algo que decir. Dijo que no; gritaba como representan a los condenados, que no hay cómo se diga, a cada tormento: '¡Perdón, Dios mío! Perdón, Señor.' A pesar de todos los sufrimientos dichos, levantaba de cuando en cuando la cabeza y se miraba valientemente. Las sogas, tan apretadas por los hombres que tiraban de los cabos, le hacían sufrir dolores indecibles. El señor Le Breton se le volvió a acercar y le preguntó si no quería decir nada; dijo que no. Unos cuantos confesores se acercaron y le hablaron buen rato. Besaba de buena voluntad el crucifijo que le presentaban; tendía los labios y decía siempre: 'Perdón, Señor.'

"Los caballos dieron una arremetida, tirando cada uno de un miembro en derechura, sujeto cada caballo por un oficial. Un cuarto de hora después, vuelta a empezar, y en fin, tras de varios intentos, hubo que hacer tirar a los caballos de esta suerte: los del brazo derecho a la cabeza, y los de los muslos volviéndose del lado de los brazos, con lo que se rompieron los brazos por las coyunturas. Estos tirones se repitieron varias veces sin resultado. El reo levantaba la cabeza y se contemplaba. Fue preciso poner otros dos caballos delante de los amarrados a los muslos, lo cual hacia seis caballos. Sin resultado.

"En fin, el verdugo Samson marchó a decir al señor Le Breton que no había medio ni esperanza de lograr nada, y le pidió que preguntara a los Señores si no querían que lo hiciera cortar en pedazos. El señor Le Breton acudió de la ciudad y dio orden de hacer nuevos esfuerzos, lo que se cumplió; pero los caballos se impacientaron, y uno de los que tiraban de los muslos del supliciado cayó al suelo. Los confesores volvieron y le hablaron de nuevo. El les decía (yo lo oí): 'Bésenme, señores.' Y como el señor cura de Saint-Paul no se decidiera, el señor de Marsilly pasó por debajo de la soga del brazo izquierdo y fue a besarlo en la frente. Los verdugos se juntaron y Damiens les decía que no juraran, que desempeñaran su cometido, que él no los recriminaba; les pedía que rogaran a Dios por él, y recomendaba al párroco de SaintPaul que rezara por él en la primera misa.

"Después de dos o tres tentativas, el verdugo Samson y el que lo había atenaceado sacaron cada uno un cuchillo de la bolsa y cortaron los muslos por su unión con el tronco del cuerpo. Los cuatro caballos, tirando con todas sus fuerzas, se llevaron tras ellos los muslos, a saber: primero el del lado derecho, el otro después; luego se hizo lo mismo con los brazos y en el sitio de los hombros y axilas y en las cuatro partes. Fue preciso cortar las carnes hasta casi el hueso; los caballos, tirando con todas sus fuerzas, se llevaron el brazo derecho primero, y el otro después.

"Una vez retiradas estas cuatro partes, los confesores bajaron para hablarle; pero su verdugo les dijo que había muerto aunque la verdad era que yo veía al hombre agitarse, y la mandíbula inferior subir y bajar como si hablara. Uno de los oficiales dijo incluso poco después que cuando levantaron el tronco del cuerpo para arrojarlo a la hoguera, estaba aún vivo. Los cuatro miembros, desatados de las sogas de los caballos, fueron arrojados a una hoguera dispuesta en el recinto en línea recta del cadalso; luego el tronco y la totalidad fueron en seguida cubiertos de leños y de fajina, y prendido el fuego a la paja mezclada con esta madera.

En cumplimiento de la sentencia, todo quedó reducido a cenizas. El último trozo hallado en las brasas no acabó de consumirse hasta las diez y media y más de la noche. Los pedazos de carne y el tronco tardaron unas cuatro horas en quemarse. Los oficiales, en cuyo número me contaba yo, así como mi hijo, con unos arqueros a modo de destacamento, permanecimos en la plaza hasta cerca de las once.

Vigilar y Castigar, Foucault

Raúl dijo...

Bueno, todas tienen en común que son de la misma época que los pecados, son bastante primitivas excepto la fosa..Supongo que la lógica es que tienen que ver cada uno con las asociaciones en el imaginario colectivo que cada pecado tenía en aquellas épocas llevadas al grado de pena de muerte, no?. Si dentro de 1500 años alguien se enterara que en los 30´ se condenaba con silla eléctrica el homicidio, debería contextualizar la pena al lugar y al tiempo para encontrarle la lógica y la capacidad ejemplificadora para el resto (USA, industrialismo, cine / frankenstein / media / idiosincracia de los americanos / etc). Igual, lo importante es que en cualquier caso, te matan! jajajajaj

Raúl dijo...

Tal cual, mejor citado imposible Foucault. Lo que sí me llama la atención, es que como medio de control social (el célebre "castigo e-jem-pli-fi-ca-dor" de las directoras de primaria se elijan distintos tipos de condena para un mismo fin: liquidarte. De última, nadie elige un pecado u otro dependiendo de la condena, para qué discriminar la pena? Quizás para que la pena no perdiera eficacia persuasiva sobre el público debido a su aplicación repetitiva? La variedad hace al miedo?

laura dijo...

Sabía de los 7 pecados capitales, pero nunca se me ocurrió que “debieran” castigarse.
Marisa, con una estrategia aleccionadora, propuso impartir un castigo contrario a cada pecado. Los de Raúl fueron por demás escalofriantes; quien se atreva a ejecutarlos debería ser torturado bajo todas esas formas!
Por mi parte, pienso que cada pecador cree ganar placer al cometer su pecado. Pero se engaña, pierde placer y ése es su propio castigo, su pesar más íntimo. Al avaro que cuenta monedas le pesará no disfrutar de la vida por acaparar; envidia no podrá escribir su propia historia por tener siempre el ojo en la ajena; tras soberbia se esconderá un pobre tipo con su autoestima lamiendo el piso; gula vomitará tras haberse atorado, sintiendo el gusto ácido y maloliente de los mejores manjares; ira llevará un malestar interno de pulsiones incontroladas sin saber su causa; lujuria creerá gozar del sexo mecánico e impersonal, podrá practicar el kamasutra con la destreza de un equilibrista, pero será en el fondo un solitario de amor; y pereza … pereza no tendrá ni fuerzas para bostezar!

laura dijo...

Según la Iglesia Católica a cada "vicio" le corresponde un "virtud". Así, a la lujuria, le corresponde la castidad. Y a la envidia, la conformidad. Los demás pecados sí siento que tienen como opuestas las virtudes que se mencionan, pero estos dos? en mi cabeza no cierran!!! si bien la envidia es mala, la conformidad no permitiría el crecimiento, la búsqueda del progreso, el tratar de mejorarse; nos quedaríamos estancados en nuestra propia mediocridad.
Y la castidad??? no es acaso un pecado mayor que la lujuria??? porque, si bien los extremos no me atraen, supongo que es preferible una orgía a pasar la vida sin una alegría!!! jajaja

Raúl dijo...

Laura, dame un rato y te respondo. No te vayas, quedate ahí.

Raúl dijo...

Laura, pierde placer quien peca? Desde el análisis externo al pecador, él está dejando de lado alternativas que vos valorás como preferibles a la que constituye el pecado.

Ahora, desde el punto de vista del pecador, qué tenemos? Hagamos una analogía. Tenemos un escalador de montañas que se plantea sobre la conveniencia de escalar. Hay dos posibilidades: que vaya a escalar o que no vaya. Hay 2 posibles estados del universo: que se caiga y muera o que cumpla su objetivo. Supongamos que yendo, tiene un 10% de chances de morir y 90% de sobrevivir. No yendo, tiene 100% de probabilidades de no morir en la montaña. Para vos, para mí o para cualquiera que no escale, la decisión es obvia: no escalar y no morir. Así planteado, el escalador es irracional. PERO, para el escalador el beneficio que le produce escalar compensa el riesgo, y lo hace. Su argumento es mejor morir intentándolo que vivir sin hacer algo que le da satisfacción. Para nosotros, vivir es mantenernos respirando, y para él vivir es vivir bajo sus propios términos. Con los pecados, pasa algo semejante, (con la diferencia que escalador decide, y los pecados son comportamientos instintivos / irreflexivos o como quieras llamarlo). El pecador, no valora de la misma manera que vos las alterantivas perdidas, y probablemente tampoco las conozca. Tomemos al avaro. El tipo disfruta acumulando riqueza como valor símbolico, y eso le da más placer que comprarse un bote y salir a navegar. Para vos, pierde una oportunidad de disfrutar la vida, pero para él la posesión y la disponibilidad constituyen un valor mayor que el disfrute del uso. En su visión sesgada de la realidad (su "tunel") su comportamiento es el que maximiza su satisfacción.

Le estoy haciendo la apología al pecado? No, le hago la apología a lo que uno siente que maximiza su placer. En nuestra forma sesgada de conocer y valorar el mundo, cada uno debería sentir que maximiza su satisfacción. Esto es técnicamente inmoral, pero qué es la moral?

En tu enumeración de comportamientos alternativos al pecado, hay una cierta reminiscencia kantiana al deber de virtud. Y tanto virtud como moral son construcciones culturales externas al sujeto. El relativismo que aplicás al final te acerca a mi postura. Si "a copular que se acaba el mundo" tiene sentido en la medida que el tiempo se vuelve exiguo, sólo debemos aplicar cuasi matemáticamente el límite de la función que relaciona nuestro tiempo de existencia con el tiempo de existencia del universo. Como el resultado es cero, no hay moral, o dicho de otra forma, a copular que la vida es corta.

En síntesis: a) los pecadores son felices hasta que reciben un juicio externo, la mirada del otro, aparece la culpa, la condena, etc. b)Todo es parte del sistema de control social: a las normas las cumplen los débiles y las quebrantan los fuertes c)Ahora me hiciste acordar a un texto de Pessoa, donde habla del dolor de las alternativas desechadas en cada decisión tomada. Vendría a ser justo lo opuesto a lo que describí antes, pero está bárbaro. Así tampoco se puede vivir.

marisa dijo...

Los opuestos para cada uno de los pecados capitales los busqué como antónimos en el diccionario. No los analicé como castigos ni como lecciones ni siquiera como estrategias. Creo que los pecados de este tenor son o por ignorancia o por sadismo, no se, se me ocurren dos frases una que dice que el camino exceso lleva al palacio de la sabiduría (si no es textualmente así que alguien por favor me corriga) La otra que me dijo una persona extraordinaria, una maestra de vida es que una persona tiene el deber de educarse para la vida, lo cual es una ardua tarea sin garantía alguna de éxito. Para terminar quería decir que estos pecados llamados capitales sin una forma baja de un comportamiento que correctamente metabolizado y transmutado puede ser glorioso

Raúl dijo...

Marisa tendría que confirmarlo con mi hermanita, pero creo que es muy aristotélico lo tuyo (la maldad proviene de la ignorancia y del error). Educarse para la vida está muy bien, aunque también puede considerarse "educacarse" aprender a tener tus propios criterios para evaluar el bien y el mal, lo cual puede incluir en determinado caso, cargarse a alguien. Cuántas madres dicen "yo por mis hijos mato"? Viste "the doors" de Oliver Stone? Allí mencionan la frase de Blake que era uno de los autores preferidos de Jim Morrison. La otra que le gustaba a Morrison era que cuando se abrieran las puertas de la percepción, las cosas se verían tal como son: infinitas. De ahí a Dionisio, Dios del exceso y la lujuria de Laura estamos a un paso:). En síntesis: No hay pecados, sólo gente que dice que ciertos comportamientos son malos.

marisa dijo...

Desde ya que mi educación musical es algo a mejorar(soy sumamente ignorante) y sin querer ofender, me parece que hay un poquito de golpe bajo en tu comentario. Eso de llevarse a alguien puesto me parece bastante triste o que se lo lleven puesto a uno me parece bastante lamentable también. Vuelvo a insistir con el tema de la ignorancia, no se quien dijo "perdónalos porque no saben lo que hacen" porque si uno supiera el porqué de lo que hace realmente lo pensaría más dos veces.
Y quiero volver al tema de los pecados no como categorías de lo bueno o de lo malo es decir no porque sean buenos o malos desde el punto de vista moral, sino que son malos porque como son extremos rompen la armonía, el fluído, en fin son peligrosos por esa razón me parece.

marisa dijo...

Ah, y un saludo a tu hermana!

Raúl dijo...

jajaja, a lo sumo un comentario provocador, pero no fue con intención de golpe bajo! Bueno,los pecados tienen mucho de comportamiento inicialmente aceptable llevado al extremo, y el problema sería encontrar el balance. Sería la alquimia entonces no convertirlos en otra cosa, sino moderar esos comportamientos inicialmente aceptables? Moderarse como consecuencia de un entendimiento más profundo del entorno y de uno mismo? Vos no creés que las razones son generalmente a posteriori, que uno actúa y luego busca las razones para justificarse?

laura dijo...

Muy ligado a la religión, leí por ahí que "pecado" es la opción voluntaria a trasgredir aquello ordenado por Dios.
Es decir el rechazo voluntario a Dios y a todas sus disposiciones.

Siendo atea por convicción y por sentimiento (o falta), supongo que vengo a ser la peor de las pecadoras para los ojos de Dios, simplemente porque rechazo su existencia. Pero sin embargo, adopto "sus" disposiciones porque la verdad es que no soy avara, ni envidiosa, ni estallo en ira, ni tengo ataques de gula, ni soy perezosa ... y mucho menos lujuriosa!!! lo aclaro para que no se mal interprete lo que Raúl escribió por ahí "la lujuria de Laura" jaja; sólo que expresé que no me parecía que la castidad fuera una virtud. Es más, Oscar Wilde escribió "de todas las perversiones sexuales, la más incomprensible es la castidad".

Pero volviendo a los pecados y la pregunta inicial de las formas de castigarlos ... simplemente pienso que quienes los cometen no están afectando a los demás (quizás ira sí), ni son sádicos pues no disfrutan con el dolor ajeno. Desde mi visión sesgada y externa, creo que tal vez detrás de estos pecados cometidos se esconden conflictos, pulsiones; entonces ellos merecen más que un castigo impartido, una ayuda ofrecida. Pero si es su forma de maximizar el placer y siempre y cuando sus acciones no afecten a los otros ... que pequen todo lo que deseen. Los absuelvo ... Sor Laura.