Charly decía refiriéndose al público: "cuando te ven sufrir sobre el escenario, aplauden". Dejando de lado la interpretación cínica, queda planteado el eterno desencuentro entre uno y los demás. Ellos se dan cuenta y se identifican, pero reaccionan como si estuvieran frente a una imagen. Es un reconocimiento que revela indiferencia. Hay una idea de un otro, pero no hay una acción concordante hacia él. Cuando Pitti Alvarez degusta los restos podridos de su sopa ante nuestra mirada atónica, quién se está compadeciendo de su intestino grueso?
En El Perseguidor, Cortazar plantea de la forma más tremenda esta doble paradoja: uno, siendo ciego a su propia búsqueda; los demás, contemplándola cegados más allá de su propia experiencia.
Jim Morrison apuntaba que "pasamos toda la vida buscando aquello que ya nos ha encontrado", lo cual empalma con la idea sartreana que somos lo que hicimos con lo que la vida nos hizo. Y mientras tanto, los demás nos aplauden o abuchean desde ese afuera desencontrado. En el medio, el abismo entre el afuera y el adentro, la experiencia y lo que uno experimenta.
Todo termina siendo un malentendido, lamentablemente para bien o afortunadamente para mal?
viernes, 2 de mayo de 2008
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