sábado, 16 de agosto de 2008

Según pasan los años

"Viste que salió el sol? Es un signo. Buen fin de semana" La frase se la tiré a Nico, profesor del gimnasio donde perpetro mis simulaciones físicas, al despedirme este mediodía. Enlacé los dos comentarios que habíamos intercambiado un rato antes: no se mojaría por la lluvia que calculaba caería, y apelando al mismo eclecticismo con el que cambia el tiempo, le deseé buena jornada con su chica, con la que había estado peleando la noche anterior y esta mañana.

Yo, consolando a los demás en temas amorosos......Nico no es un amigo, pero a mí el sabor del desencuentro me causa empatía. No se está con otro para sufrir, de modo que ponga pilas para estar bien o que la corte. Es una postura bastante lógica. Lo que no lo es, es que quien la afirme sea yo, siendo un especialista en convertir una relación sentimental en un trip de juicio y castigo.

Haciendo zapping a la tarde, me cruzo con "Very bad things", una comedia en la que Cameron Diaz es una novia obsesionada con casarse, mientras que el novio y sus amigos planean una despedida de solteros en la que algo sale muy mal, y desencadena una serie de episodios tragicómicos.

Cuando la estrenaron en el cine, fui a verla con mi ya mencionada novia de principio de siglo, "L". La relación con ella no comenzó cuando comenzó, sino cuando me propuse (a contramarcha de mi consejo habitual) poner en práctica la venganza que se merecía por una afrenta cometida. Si mi rígido codex estipula aplicarlo, el castigo debe ser de la misma naturaleza que la afrenta, para que tenga un efecto e-jem-pli-fi-ca-dor. Una de las las consecuencias del castigo que no tuve en cuenta, es que "L" terminó queriendo casarse. Bah, quería que yo quisiera casarme en caso que ella también lo quisiera. En su análisis, el casamiento era una alternativa posible. En el mío, mmmmmmmmm. No me cerraba "L". Propensa al egoísmo como la mayoría de las mujeres muy lindas y además despechada, cortesía del novio anterior. Pero también tenía sus virtudes, de modo que un dedo imaginario intentaba equilibrar los desequilibrados fieles de la balanza, aunque todo ese temita del casamiento me ponía íncomodo.

Nos sentamos en el fondo del cine, y la película provocaba risas por esto y por aquello. A medida que la trama se desarrollaba, la insistencia de Cameron por casarse resultaba más y más parecida a la prédica de "L", y aquello poco a poco se estaba convirtiendo en una experiencia de psicodrama donde la peli me permitía expresar solapadamente las emociones que las situaciones planteaban. "L" era linda, pero no boluda. Y mis festejos comenzaron a incomodarla. La escena final es desopilantemente graciosa (al menos para alguien que como yo tiene sus pruritos sobre el matrimonio) y consiste en una secuencia de imágenes en donde la primera te permite deducir el desenlace desafortunado de Cameron, y las siguientes refuerzan la idea.

En el cine, no estábamos solos, era sábado a la noche. Y aparentemente habían muchos raulitos y "eLitas" con entreveros nupciales pendientes. Poco a poco, mis risotadas eran el mascarón de proa de una sucesión de sonrisas masculinas cargadas de sorna, seguidos por exclamaciones femeninas desautorizando a sus respectivos tórtolos.

A la primer insinuación del final desgraciado para Cameron, comencé a desgañitarme de la risa de un modo fuera de todo orden. En realidad, le estaba diciendo a "L", "Ves, esto es lo que obtendrías casándote". Sinceramente, pensé que alguien me iba a regañar por el ruido. Lejos de eso, las luces de la sala iluminaron a un montón de tipos mirando para atrás con caras cómplices, y "L" diciéndome que era un papelonero y que me dejara de reir. Mi defensa fue inobjetable: "una vez que me río con ganas, dejame"

Hoy esperé al final de la peli, para ver qué me generaba aquella visión sesgada del matrimonio tantos años después. Me sigue pareciendo jodidamente acertada y esta vez los perros de mi vecina hicieron coros a mis risotadas. Reconozco que mi inquietud prioritaria es quién me llevará al hospital el día que me dé el bobazo. El cardíaco, digo.

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Sentí que Nico me agradeció sinceramente el comentario, fuera de toda cortesía. Quizás le haya servido, y me alegraré si la próxima vez que lo vea me cuenta su hazaña sexual de sábado a la noche con su novia y después me ignore para marcar biceps frente a las chicas de spinning.

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Para los defensores de "L", les diré que debo ser absuelto porque en sustancia, hice por ella lo mejor que podía esperar de mí: tener conciencia que podía volver a querer (y aún más?) a alguien más que al novio que la dejó despechada.

3 comentarios:

marisa dijo...

Te superaste con este post, es excelente!

marisa dijo...

Esto no es mío...dice que la palabra corazón vale para toda clase de movimientos y deseos, pero que lo que es constante es que el corazón se constituya en objeto de donación -aunque sea mal apreciado o rechazado-.

Vek dijo...

Agarré la peli cuando ya estaba avanzada anoche...
no pude para de reirme de la "suerte" de Cameron, del precio por sus 27 años esperando caminar por ese pasillo que la llevase a ser la Sra de.
El ser humano es increible... Salvarse el pellejo y no poder enfrentar que te puede pasar que sin querer metas la pata.
Y Raul, para cuando te agarre el bobazo, pensá en ir descartando a mujercitas como Cameron, a un hermano como Michael y sobre todo, a amigos como Boyd.