Andreah frecuentaba los asientos de adelante en un curso de Matemáticas del CBC caótico. Físicamente agraciada, al principio la asocié con Jacqueline Bisset; pero las hordas de la retaguardia (que siempre lo saben todo menos la materia que se dicta) se referían a ella como "la alemana".
Andreah no sólo era alemana, sino que era la típica alemana: tenía esa mirada que no se insinúa como un intento por sacarle la ficha a quien está mirando, sino que tiene todos los sentidos atentos pero no para encasillarte. Reservada y educada por demás, de modales agraciados, todo aquello junto con su impresionante calificación inicial la convirtieron en un mito para la burrada bajofondista, a la que pertenecía.
Al primer parcial no me presenté, porque no sabía ni siquiera su temario. Ella se sacó un 10, el único entre unos 150 cursantes. Era una época, en la que el miedo al fracaso aún me hacía actuar, y la situación exigía acciones drásticas.
La primer clase después de la entrega de notas me senté junto a ella. Comenzó a compartir sus apuntes conmigo y a responder preguntas, y mi desempeño académico mejoró hasta el punto de recuperar el examen inicial y aprobar el final.
Nos despedimos como te despedís en la UBA, sabiendo que muy probablemente no te vas a cruzar con esa persona nunca más en la vida. Casi un año después, nos encontramos sin buscarlo el primer día de clase de la cursada de Análisis Matemático, en la facu. Para esa época -y debido en parte a MarianoV y a su hermano- mi precariedad conceptual en el área de las ciencias exactas había mejorado bastante, y ya sin el vértigo de no saber sobre qué sería el próximo parcial, comencé a prestar atención al "Método Andreah"
Visto en retrospectiva, mi admiración por ella era infinita. Se sacaba todo 10, pero eso era lo de menos. Era un espectáculo ver como ella construía esos 10 desde el primer día de cada curso. Sus apuntes comprados inmediatamente después de ser mencionados por el profesor, sus trabajos prácticos respondidos tan pronto los obtenía, los libros sacados de la biblioteca antes que se agotaran. La sensación que me daba es que eliminaba el azar y la incertidumbre: Ella ponía en marcha una maquinaria para fabricar "10" que funcionaba con precisión nanométrica. Y yo disfrutaba ese espectáculo: era como ser testigo de algo virtuoso, mientras estaba ocurriendo.
Teníamos una conversación en temas no académicos muy acotada, generalmente comentarios que iniciaba yo. Por ejemplo, una vez ví un curso de alemán por la tele, y llegué a clase hablándole en alemán. Sin decir nada, sacó una hoja y comenzó a escribir en alemán lo que yo estaba diciendo en pseudo-alemán-trucho. Otra vez -cuando ya llevábamos años de conocernos-, compré una guitarra eléctrica a la vuelta de la facu, llegué al curso con ella y le pedí que me enseñara unos acordes básicos (alguna vez me había comentado que estudió música). Acostumbrado a su habitual buena predisposición, me paró antes de terminar de pedírselo, con una frase tremenda: "Pero por qué no hacés algo bien en tu vida!. Andá a aprender música.". Dijo una gran verdad: admirar su método nunca significó que intentara imitarlo. Le había colmado la paciencia, al punto de romper su teutona magnanimidad para lidiar con mi cachibachezco andar por la vida.
Cuando cursamos Análisis Matemático II, me propuse finalizar con 10 de promedio. Eran 3 parciales, en los que lógicamente, debería sacarme 10. No sólo me lo propuse, sino que lo dije. Pero lo dije lo suficientemente alto como para que la profesora me escuchara y percibiera cierta suficiencia que ella no estaba dispuesta a permitir en su clase. Antes del primer parcial, sentía que era imposible no sacarme 10. Era una boludez. Simple. Easy Money. Un trámite. Todavía no sé cómo, pero en el primer parcial me saqué un 4. No sé qué hice o qué no hice, pero la profesora me facturó un 4 y se me cagó de la risa al leer la nota. 4 y paso al siguiente alumno, hubiera sido una desilución; pero 4 y sobrarme, era guerra. Andreah -que ya había escuchado historias de crimen y castigo-, supo que ahora, iría por el 10 en los restantes parciales, no por el 10 final, sino para enrostrárselos a la profesora. En el segundo parcial me saqué el 10 y fuimos al tercero.
El día del parcial Andreah estaba sentada a mi izquierda. Había un ejercicio que consistía en calcular una integral en el espacio tridimensional. Para los no iniciados, eso significa calcular el volumen de un cuerpo. Por lógica, el volumen tiene que ser un valor mayor que cero. El resultado, al reemplazar los valores me daba negativo. De modo que sabía que algo estaba mal, y no sabía qué. Andreah se dió cuenta, me preguntó qué me pasaba y le dije que no me salía un ejercicio. Me pidió el problema y resolvió toda la parte teórica. Cuando me devolvió el papel, su resolución era igual a la mía, de modo que allí no estaba el problema. Entonces la encaré a la profesora y le dije que su ejercicio estaba mal. (jajajajaj!). La tipa miró el papel, me dijo que no y me lanzó: "entregá y te muestro adónde te equivocás" Seguí intentando salir del entuerto, perdí la paciencia, me paré, le tiré las hojas a la profesora, que se puso a corregir el parcial en el momento. El error estaba en una cuenta, en el último paso del ejercicio: 3 - (-5) = 2. Yo hacía 3 - 5 = -2. La tipa me mostró el error, me puso un 9 y con una sonrisa me puso las hojas en el pecho de un manotazo.
Ese 9 era más humillante que el primer 4, pero la verdad es que no lo registré. Me sentía invadido por un agradecimiento infinito hacia Andreah. Ella sabía que no corría peligro de desaprobar, sino que quería sacarme el 10, y corrió el riesgo de que nos agarraran copiando. Era un riesgo gratuito por un beneficio demasiado subjetivo. Si bien nunca me había negado nada (de hecho, dibujó los acordes básicos para que fuera a tocar la guitarra después de delirarme) pero esa vez estuvo -fuera de mis cálculos- innecesariamente generosa.
En todo el tiempo que la conocí, sólo la ví hablar con otra persona en la facu. Un cuatrimestre después, mientras cursábamos la última materia que nuestros programas tenían en común, un día noté que vestía una blusa con transparencias, pero no le dí mayor importancia. A la siguiente clase, la encontrá amurada, entre una pared y un tipo trajeado y me quedé perplejo. Mi máquina de fabricar 10, mi institutriz en temas académicos y no académicos, mi espejo donde pude verme y realizar un ejercicio de autoconocimiento, mi ángel de la guarda dispuesta a inmolarse por mi puto 10, era además mujer y tenía vida más allá de eso. Me pregunto si fui tan interesado que no la miré más allá de lo que necesitaba de ella, si mi incapacidad para relacionarme con las personas me obliga a tener un tema de por medio para acercarme a alguien y no me permito ir más allá. Quizás ella era tan opuesta a mí en algunas cosas y quizás no tanto en otras. Lo cierto es que la vida continuó, después me la crucé en una escalera con un tremendo embarazo, pero me tranquilizó: aún así seguía sacándose 10.
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En otra oportunidad voy a contar por qué la asocio con Laura. Con ella tuvimos un episodio en cierta forma análogo al del examen con Andreah que en estos años hemos comentado innumerables veces con los chicos que seguí viendo del Dorrego.
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Como siempre, mis relatos tienden a distorsionar las cosas. Mencioné tanto sus habilidades académicas, que puede entenderse que Andreah era un típica nerd-traga. En perspectiva, creo que eso era sólo un aspecto marginal de todas las virtudes que tenía. El problema es que nunca ví más allá de eso, o no me lo permití.
jueves, 5 de febrero de 2009
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2 comentarios:
Finalmente, muerdo el anzuelo y doy mis señales de vida! es que la carnada resultó demasiaaado tentadora.
A juzgar por el relato, y desde mi sentir, creo que vos Raúl exaltás en demasía la generosidad en actos que para mí son más bien naturales. A ver, vos habías manifestado tu deseo, no lo dejaste sólo en eso sino que pusiste tu maquinaria en funcionamiento para lograrlo. Ella te habrá visto estudiar más que nunca, esforzarte, pero por sobre todo desear eso incluso mucho más que lo que ella lo había deseado en toda tu vida. Me parece natural que ese día, viéndote tan cerca de lograrlo, ella se brindara a ayudarte. Hasta quizás ella estuviera deseosa por ayudarte. Nada más lindo que ver al otro cumplir un deseo tan soñado! lo que no entiendo bien es por qué la "fábrica de 10", tu idolatrada AndreaH, ese día fallaría en encontrar el error. Por qué??? ella realmente quería que cumplieras tu deseo o sólo aparentaría para finalmente dejarte con el deseo insatisfecho?
En fin, me alegra saber que AndreaH usara transparencias, se apasionara en algún rincón y que coronara con su embarazo la completud del ser mujer. Que siguiera o no sacándose 10, es sólo un detalle menor.
Bueno, sabrás que espero con ansias escuchar el relato por el cual uds. manga de zátrapas se han venido riendo de mí durante todooos estos años! en fin, si es una crítica mucho mejor, soy toda oídos.
Lo dirás o me dejarás insatisfecha?
Hola Laura! no había visto tu comentario.
Respondo por orden de aparición:
Andreah resolvió la parte conceptual del ejercicio (lo cual era tema del examen), y omitió el reemplazo final de valores (que era hacer 2+2). Es que ni ella ni yo le dábamos importancia a la parte trivial del ejercicio, y allí estaba el error. Me tenía la fe suficiente como para dejarme resolver el 2+2 por mi cuenta. Su error:).
A mí ni se me ocurrió pedirle a Andreah que me resolviera el ejercicio, porque hacerle correr el riesgo de que nos descubrieran pasando hojas cuando ella se iba a sacar un 10 y yo un 9 era una irracionalidad total. Podés pedir ayuda para sacarte un 4, pero para sacarte un 10...Aparte estábamos a 2 metros de la teacher, que seguía ofreciéndome corregir el examen en el momento. El motivo que vos le encontrás para explicar su comportamiento es justamente el que no podía esperar de ella, que era la persona más metódica y enfocada. Probablemente tenés razón, y forma parte de todo lo que no ví en ella.
Con el relato sobre vos tengo un gran problema. Requiere que mencione a ciertos ex compañeros del Dorrego con quienes aún hoy siento que tengo algo que decirles personalmente. Desafortunadamente no me dieron el gusto de ir en el 97. PERO sí te puedo decir que en sí, fuiste partícipe de un pequeño acto de justicia y que por el contrario, tu parte en la historia siempre fue agradecida como correspondía. Algún día te mando por mail la historia; pero si te lo cruzás a MarianoA preguntásela porque él la cuenta mejor que yo.
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